6.- EL ARTE DE LA GUERRA; EL ARTE DE LA PAZ

                La competencia en biología se da por y para supervivencia (ley de la selva), o su equivalente: por poder y privilegios.  La ética, una actividad filosófica humana, establece implícitamente que la competencia o juego de la supervivencia social (humana), debe tener resultados ganar-ganar; y cualquier resultado diferente es una aberración social, un conflicto.  Los conflictos pueden ser de tipo abusivos o asimétricos, por parte de un bando que explota a otro de menor poder; o más equilibrado entre dos bandos enfrentados de similar cantidad de autoestima y poder (la dialéctica del conflicto será diferente dependiendo de la diferencia en cantidad de poder entre los bandos).  Siempre que un conflicto implique ganar supervivencia al costo de la supervivencia de otro (ganar-perder), y este se defienda en reacción, se dice que es una Guerra.  Y ya sea porque los recursos se tornen más escasos que las necesidades, o dichas necesidades y conductas consecuentes se salgan de control, se dice que estos son los detonantes de una Guerra.

                A las acciones de cómo, cuándo y dónde se hace la guerra, es a lo que se considera su “arte” (o su técnica).  La guerra, como competencia dialéctica, energética o termodinámica de poder, implica una única Estrategia (esta es un medio que imita a la ética para alcanzar el fin de ganar): conseguir la máxima concentración, orden, cohesión o negentropía, poder energético, entalpía, sinergia, disciplina, información, economía, eficiencia, en el bando propio; y fomentar todo lo contrario en el bando opuesto, a los fines de ganar el balance estratégico.   Al empleo de la Inteligencia en acciones estratégicas que implican la búsqueda de las ventajas: mecánica, de cantidad, de cualidad, de espacio o posicionamiento, y de tiempo, le llaman Tácticas.  Y como una guerra se hace entre egos, o máquinas que los imitan; a las tácticas informáticas o psicológicas que libran y buscan ganar la guerra de percepción dentro de los cerebros, le llaman Estratagemas.

                Los fundamentos tácticos básicos son: ir a la ofensiva (acción), y evitar movidas neutras e innecesarias, cuando y donde se tiene ventaja (algunos la prefieren mínimo 2 a 1, según sea lo que se mida); y a la defensiva (reacción) cuando y donde no se tiene; y aquí hay pragmáticos que consideran que siempre que sea factible: retirarse, rendirse, o cualquier forma de concesión de poder es preferible al sacrificio, dado que el fin en juego es supervivencia y no ética, y siempre se puede volver a luchar más adelante; a menos que el sacrificio como concienciación y aumento de moral, sea una decisión táctica con fines éticos más trascendentes.  Las estratagemas de manipulación de la percepción (las 5 S) son: la Sorpresa/Sedante (distracción, guerra relámpago, circo, sueño, ilusionismo, drogas, hipnosis), o manipulación del instinto reflejo o estado de vigilia; la Seducción (adulación, señuelo, promesas) o manipulación del deseo, parte de la mente emocional; la Sugestión (intimidación, amenaza, chantaje, crear crisis) o manipulación del miedo (otra emoción); la Simulación (desinformación, propaganda, demagogia, camuflaje, contraespionaje, sigilo, secreto) o manipulación de la razón; y la Satanización (maniqueísmo, chivo expiatorio, difamación, estereotipar o etiquetar, eufemismo, justificación, fomentar autoculpabilidad, victimización y todo tipo de disminución de autoestima) o manipulación de la consciencia.  Toda esta combinación de medios éticos y antiéticos de supervivencia los desarrollan los animales por puro instinto, por evolución, o por intuición.

                La Paz significa ausencia de guerra, ya sea por finalización de la misma o por evitarla.  Dar fin a un conflicto de manera no violenta implica también el uso de estrategias que imiten la ética, y especialmente que imiten la simpatía y la empatía, cuya finalidad básica es convertir el resultado del conflicto en uno ganar-ganar; y la acción primaria de estas estrategias es ante todo garantizar la supervivencia de uno y otro bando, y luego garantizar satisfacción de necesidades más complejas que se derivan de dicho instinto de supervivencia; esto implica evitar fomentar el caos en el bando contrario, y generalmente concesiones o sacrificios.  Por supuesto que también se puede conseguir el fin temporal o definitivo de un conflicto por situaciones totalmente inéticas (ganar-perder), como pueden ser la rendición por coerción o simplemente vencer y destruir al contrario.

                Dependiendo del nivel de justicia que se desea conseguir en la negociación de la paz, se aplicará diferente nivel ético: teleológico cuando ambos bandos buscan sacrificar lo menos posible, no ganar menos que el otro, y si es posible, alguna ventaja; deontológico cuando se imponen reglamentos y sanciones igualitarios que limiten el uso de tácticas y estratagemas; hasta cristiano, cuando se sacrifica de manera consciente en busca de real justicia y transparencia.  En niveles éticos bajos de negociación se utilizan las mismas estratagemas que en la guerra, con especial cuidado de evitar las de manipulación de la consciencia (satanización), que afecta la dignidad y puede arrastrar consigo como un solo bloque a la razón y a las dominantes emociones; rutinas cerebrales que quedan subordinadas a la misma cuando ella actúa.

                Se dice que “el respeto al derecho ajeno es la paz”, y el principal derecho humano luego de la garantía de supervivencia, se considera es la Libertad.  Aunque la libertad ha sido visualizada tanto como algo metafísico, igualmente como la “condición ontológica de la ética”; esta realmente es una condición físico-matemática del ejercicio dialéctico: libertad es la posibilidad de ejecutar una voluntad (matemática de probabilidades), y el poder y capacidad de llevarla a cabo con o sin resistencia (física); aunque más bien puede ser considerada como el justo medio entre los extremos caóticos de la coerción o esclavitud y el libertinaje; ya que aunque se busque que todos tengan semejante probabilidades, poder, y poca resistencia; se deben imponer límites de seguridad en contra de la entropía (la única “mano invisible” de la que estamos seguros hasta ahora que existe en el nivel social es la ley de la selva).

                Somos esclavos muchas veces de nuestras desordenadas pasiones y necesidades (falta de disciplina emocional), y de poco falsados dogmas y paradigmas (falta de disciplina racional y mental), es decir de nuestros niveles de ignorancia y consciencia; y queremos que otros lo sean, no de los suyos propios, sino de los nuestros, y hasta hay quienes se atreverían a matar por ello.  Dado que la guerra es entrópica e injusta, y reaccionar a ella con la misma violencia también lo es; ¿hasta dónde debe llegar la lógica de esa reacción (guerra justa): hasta el proporcional castigo del agresor (ojo por ojo, aproximadamente);  hasta el apaciguante sacrificio del agredido (la otra mejilla); o justo al medio: hasta la paz  negociada del sistema?

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5 respuestas a 6.- EL ARTE DE LA GUERRA; EL ARTE DE LA PAZ

  1. Muy buena reflexión. Supongo que al final estás hablando del término general, con lo que estoy de acuerdo contigo, aunque existen excepciones, como en toda regla. Desde mi punto de vista, sí existen guerras justas y nada entrópicas, porque se desencadenan cuando una estrategia agresiva de ganar-perder -no siendo guerra propiamente, sino, por ejemplo, terrorismo o subversión- ha alcanzado un poder peligroso para la caótica (en el buen sentido) organización social y para la supervivencia. ¿Puede considerarse una guerra el terrorismo y la subversión? En ese caso estoy totalmente de acuerdo contigo.

    En cuanto a la libertad, opino que te has limitado a referir uno de sus dos polos. En realidad, la libertad es tanto la libertad de acción, como la libertad de omitir la acción. Sin ese reverso que normalmente se pasa por alto, no existe verdadera libertad, sino, como bien dices, libertinaje cercenador de las libertades ajenas.

    Por último, me parece admirable que te hayas atrevido a mencionar el cristianismo como la ética más elevada, no debes temer que te crucifiquen.

    Un placer haberte descubierto.

    • Solrac dijo:

      Omitir la acción también es, como el actuar, la ejecución de una voluntad. Castigar es parte de la justicia; pero hasta un castigo debe ser ejecutado con calidad, debería ser re-educativo para victimarios y para víctimas (aunque existe un viejo dilema con los psicópatas y otros enfermos mentales). Hay artes marciales diseñadas para responder con daño; otras, como el Aikido, solo anticipan y evaden el daño y lo desactivan; y hasta dicen que el más grande general es quien gana sin guerrear, es el mayor artista de la guerra. Defender y hacer justicia aniquilando no es una justicia de calidad, es ética teleológica; y trascender de allí no es una virtud fácilmente alcanzable (pero debería ser intentado hasta “seteinta veces siete”). Gracias por tus comentarios.

  2. Bueno, no te creas, en realidad en aikido no nos partimos la crisma porque todo está bien preparado, empezando por el tatami, y además sabemos caer muy bien, pero si le haces un irimi nage a alguien en la calle, lo “esnucas”, y si le haces un kote gaeshi, o bien le partes la muñeca, o bien cae y se “escuerna” también. Hay mucho mito respecto al aikido, en realidad todo es una pose.

    ¿Y a la setenta y una veces siete? Yo lo veo como una metáfora, una de las muchas que utilizaba Jesucristo, y como yo la interpreto es que hay que intentarlo honestamente por todos los medios, pero también Él fue quien dijo: “No he venido a traer la paz, sino la espada”.

    Coincido totalmente contigo, el castigo debe ser reeducativo, pero parece que hoy por hoy no es posible, aunque parece que pronto lo será.

    Gracias a ti

  3. Solrac dijo:

    Pienso que el Cristo también es una metáfora; creo que Jesús era un filósofo y un ilusionista tras una misión muy sabia, y que mucho de lo escrito y de los hechos, es manipulación tardía; y si revisas con lupa los evangelios, encontrarás muchas contradicciones, sino suyas, entonces producidas en los cerebros de quienes los escribieron.

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